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Liderazgo latinoamericano en discusión

jueves, 2 de septiembre de 2010

Esta mañana participé de un taller donde se debatió sobre liderazgo y política en América Latina, donde expusieron referentes políticos y académicos de Ecuador y Argentina. A raíz de la revolución política llevada a cabo por Rafael Correa (según concordaron en categorizar los participantes al actual gobierno ecuatoriano) surgieron diversos interrogantes de fondo que me parecieron de gran interés para la política regional actual.

Por ejemplo, mientras que algunos expositores defendían el estado democrático liberal –esto es, una democracia sujeta a la ley-, otros destacaron que el énfasis debía ser puesto en qué es lo que hace, y no tanto en el cómo se hace. En este sentido, una participante ecuatoriana destacó que la nueva Constitución de su país cambió la definición de “estado de derecho” por “estado de derechos”, según el cual los derechos individuales básicos (incluyendo a los derechos de segunda y tercera generación) están por encima de su reconocimiento legal, y, por consiguiente, legitimarían en última instancia cualquier tipo de proceder político en orden a su cumplimiento.

Uno de los panelistas destacó asimismo que lo imperante es que el gobierno sea de la sociedad y no de la política, y responda así a las necesidades de aquella. El punto es interesante, por ejemplo, a la luz del clientelismo político. Los políticos y analistas que avalaron este modo de comprender y valorar la realidad política coincidieron en no ver a dicha práctica política como mala en sí misma. Entre otras cuestiones se destacó que el clientelismo no sería efectivo si la satisfacción de las necesidades y derechos básicos (entendiendo a ambos en sentido amplio) estuviera universalizada; y que, por consiguiente, gracias al clientelismo ciertos sectores sociales acceden a bienes que de otro modo nunca accederían, ceteris paribus.

Otros de los planteos interesantes que surgieron fue el relativo al trade off que parecería existir entre transformaciones socio-políticas profundas y democracia. Esto es, ¿es posible cambiar el status quo sin restringir las libertades? Según muestra la historia parecería que no, pero el punto sería entonces preguntarse qué es más importante, si la trasformación social o el resguardo de las libertades individuales. Yo tengo mi propia opinión al respecto (y bastante opuesta a la aquí sugerida), pero creo que es pertinente el debate sobre ello, ya que no necesariamente debería tratarse de blancos y negros y probablemente pueda haber cierta graduación tanto en las transformaciones como en las restricciones de las libertades.

Y finalmente quiero compartirles otra cuestión de suma relevancia para la política latinoamericana: la predominancia de los liderazgos fuertes. Dentro de este enorme tema se destacaron dos cuestiones medulares: i) si este liderazgo es capaz de autolimitarse; ii) qué sucede con las reformas efectuadas por líder carismático cuándo éstos son derrocados o desaparecen de la escena política por la razón que sea. ¿Puede trascender la transformación al líder sin instituciones que lo respalden? Y este interrogante resulta particularmente oportuno en la medida que, de acuerdo a las experiencias latinoamericanas recientes, los movimientos transformadores cuasi revolucionarios han surgido no sólo al margen de las instituciones sino en contra de las instituciones existentes (a excepción de las elecciones).

Creo que las cuestiones señaladas y las reflexiones que los mismos puedan generan son de suma pertinencia e inminencia para los países de la región, y por eso quise compartirlos en el blog. Con esto abro la discusión para quien/es deseen hacerlo.

Clivajes de la política argentina.

martes, 11 de mayo de 2010

Hace unos días, leí en El Estadista una nota de José Natanson, en la que hablaba sobre los clivajes que creó Néstor Kirchner. Para Natanson, el ex presidente habría logrado articular en uno solo dos clivajes: dictadura vs. derechos humanos y neoliberalismo vs. desarrollismo o distribucionismo. Desde este punto de vista, el logro de Kirchner habría consistido en identificar al neoliberalismo con la dictadura.


No es mi intención discutir el resto del análisis (con algunos puntos interesantes que no voy a reproducir acá por una cuestión de espacio). Lo que me genera dudas es si esos clivajes son relevantes para entender la situación política actual.

Los clivajes -en una utilización laxa del concepto que Lipset y Rokkan creo que no compartirían- vendrían a ser una oposición en torno a la cual se alinean los distintos actores sociales. Algunos clivajes clásicos: centro/periferia, capitalistas/obreros, sectores urbanos/rurales, etc.

En ese sentido, creo que por algún momento muy breve Kirchner logró articular sus apoyos en la línea derechos humanos vs. dictadura. Sin embargo, la política local no tardó en acomodarse en torno a una diferenciación que ya es tradicional: gobierno vs. oposición (Mustapic, hace algunos años, señalo cómo el Congreso Nacional se organiza alrededor de esta distinción).

Los medios, la opinión pública y, en muchos casos, los propios políticos, se organizan en torno a esta lógica: o estás con el gobierno o estás en contra. No hay otra opción. Y cuando uno se escapa de estas clasificaciones, como lo hace Sabatella, lo tildan de oficialista. Esto pasó hace muy poco, cuando en el programa “Le doy mi palabra” Sabatella le tuvo que a explicar a Pepe Eliaschev por qué creía que su postura –apoyar las leyes por lo que las leyes dicen y no por quiénes las proponen- era el único modo de mantenerse coherente con su ideología de centroizquierda.

Otro ejemplo puede verse en los comentarios de los lectores de La Nación cuando el partido socialista decidió votar a favor de la Ley de Medios. ¿Qué esperaban, que el partido que venía hace 20 años proponiendo una ley similar a la oficialista votara en contra?

Desde mi punto de vista, esto degrada todo el debate en torno a las políticas, porque las políticas pasan a un segundo plano cuando lo único que importa es quién o quiénes las propusieron.

Y genera hechos difíciles de explicar, como que un partido que intenta correr al kirchnerismo por izquierda actúe con la centroderecha, o que algunos líderes partidarios critiquen políticas que durante varios años trataron de llevar adelante por los supuestos intereses que encubren.